CÓMIC

Miedos de niños y de adultos

(NOTA del día 3 de julio de 2013: Acabo de terminar el segundo tomo de la serie de la que hablo aquí y cada vez la historia es mejor. De lo mejor que he leído, de verdad.)

Ésta NO era la entrada que anuncié ayer que publicaría. Tenía pensado escribir sobre otro asunto, a raíz de un libro que acabo de terminar, pero algo ha pasado y tengo que comentarlo.

He empezado a leer Locke & Key, de Joe Hill y Gabriel Rodríguez. Y casi no he pegado ojo en toda la noche.

El sábado pasado, un amigo me recomendó el cómic. Me habló muy bien de la historia y como tenemos gustos similares me hice con el primer tomo de la serie. Ayer por la noche empezó todo. Siempre leo un rato en la cama antes de dormir (no he terminado el primer tomo todavía así que no os asustéis por posibles spoilers) y cogí el cómic para empezarlo. La historia me enganchaba, el dibujo estaba bien… pero se hacía tarde y apagué la luz para dormir. Y en ese momento empezó el mal rollo. Me entró la necesidad de taparme con la sábana (hasta el cuello, a pesar del calor) y de impedir que mis pies o mis manos quedasen colgando fuera de la cama. Busqué a mi novio dormido a mi lado y pegué la espalda contra él, de manera que su cuerpo quedaba haciendo de barrera entre la puerta y mi cuerpo y yo podía colocarme sin perder de vista la ventana. Mi parte racional me decía “no seas boba y duérmete ya”, pero el resto de mi cerebro se puso alerta. El oído y la vista empezaron a percibir cosas de las que normalmente paso y todo por culpa del miedo.

Locke & Key

Portada del número 1 de Locke & Key, de Joe Hill y Gabriel Rodríguez. ¡Miedito!

Y es que el maldito Joe Hill ha creado una historia que me ha devuelto a mis miedos ¿irracionales? de cuando era pequeña. En todas las culturas se repiten patrones, personajes, sombras y modelos que nos son comunes. Creo de verdad que las cosas que encarnan nuestro miedo son universales y sus diferentes representaciones también lo son. Cuando somos niños, todos esos arquetipos se hacen más poderosos gracias (seguro) a nuestro lado más inocente y a nuestra mente más imaginativa y fantasiosa, algo que al crecer vamos perdiendo. Pero anoche una mansión llena de puertas misteriosas, un pozo y una voz que sale de él y que dice ser tu amiga me hicieron volver a ser una niña pequeña que cree que el estar muy quieta y el no abrir los ojos, oiga lo que oiga, será suficiente para protegerse de lo que sea que pueda estar escondido en su habitación.

Todo por culpa de ese aire tenebroso, de esa fantasía oscura que por ejemplo también tienen Coraline o El libro del cementerio de Neil Gaiman, pero más… chungo. Más maligno, más malrollero. Ese punto en el que un niño es capaz de traspasar una barrera muy fina que lo separa de un mundo sobrenatural en el que actúa con total normalidad. Una “naturalización” de lo desconocido que sin embargo no les priva de poseer un instinto primario que les avisa de que algo malo, malo de verdad, está pasando. Y este cómic es capaz de transmitir todo eso, de hacer que vuelvas a ser un niño y que conectes con el niño de la historia.

¿Voy a seguir leyendo Locke & Key? Por supuesto, pero os juro que lo haré de día.

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CÓMIC, MANGA

I am a hero (creo)

Manga. Una palabra que muchos asociarán a historias protagonizadas por adolescentes medio estúpidos y cabezotas que nunca paran hasta conseguir lo que quieren aunque les cueste la vida. O a niñatas enamoradizas que descubren que su novio podría ser su hermanastro. O a profesoras con gafitas y tetas descomunales sodomizadas por monstruosas criaturas que poseen nosécuantas pollas gigantes. Una palabra asociada a la que es posiblemente una de las sociedades más excéntricas y desconocidas del mundo a nuestros ojos. Esos chavales de tu ciudad que de pronto, y al parecer sin venir a cuento, colapsan el metro durante un fin de semana a base de disfraces sin pies ni cabeza.

Pues sí, manga es eso. Pero también es mucho más. Thrillers psicológicos, denuncia social, novela negra… El manga tiene mil caras y por ello, una vez cumplidos los 25, merece la pena echarle un ojo a las novedades para descubrir joyas como I am a HERO, publicado en nuestro país por Norma Editorial.

I am a hero

Portadas del tomo 1 y 2 editados por Norma.

I am a HERO, de Kengo Hanazawa nos presenta a Hideo, un ayudante de mangaka de 35 años, depresivo, maníaco y medio tarumba que habla con una especie de amigo invisible (bastante siniestro) cuando tiene miedo. De lo único que podría estar orgulloso es de la sosa de su novia que está fascinada con el trabajo y el éxito de su ex, un famoso autor de manga al que Hideo desprecia. Un pringado. Un loser en toda regla que para colmo de males no se da cuenta de los extraños cambios que se producen a su alrededor.

Hablamos de gente enferma, extraños ataques, atropellados que siguen andando como si nada con el cuello roto… Sí amigos, estamos ante una de zombis. Podríamos decir “ante otra de zombis”, pero como ávida consumidora del género me atrevo a afirmar que I am a HERO será diferente. Y sorprendente. Básicamente porque el pobre Hideo no tiene madera de héroe. Ni se os ocurra imaginar a una especie de Rick Grimes a la japonesa. Ni de coña. Nuestro protagonista esta vez se mueve entre el miedo y la necesidad de normalizar lo que ocurre a su alrededor, provocando una serie de situaciones kafkianas que dejan perplejo al lector.

viñeta

Y todo esto con un dibujo… digamos sincero. Y horripilante. Sincero a la hora de retratar a los japoneses, que no son altos, ni tienen cuerpo en forma de triángulo invertido, ni los ojos gigantes. Y horripilante a la hora de presentar a los monstruos. Unos zombis que, gracias al ritmo y la perspectiva de las viñetas, acaban poniéndote los pelos punta. Ah, y son de los que corren… E incluso balbucean palabras que llevan a pensar que queda algún resquicio de comportamiento humano, lo que asociado a la brutalidad de sus ataques los hace más terroríficos.

I am a hero zombi

Y todo te deja con ganas de seguir leyendo más.

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