ACTUALIDAD, DERECHOS SOCIALES, MUJER

Por vuestro propio bien/ Muerte en vida

Estoy muy triste y enfadada estos días. Normalmente, gracias a esta crisis de mierda, tengo motivos “generales” para cabrearme todos los días. Pero últimamente hay algo dentro de la actividad política que me toca la fibra sensible y que incluso llega a asustarme. Me refiero a la reforma de la Ley del Aborto.

No quiero meterme en cuestiones como “aborto sí, aborto no”, aunque sea eso lo que plantea la nueva ley. Me preocupa algo que va más allá y que, de seguir así la cosa, podría extenderse a otros ámbitos. La tutela de las instituciones hacia las mujeres. ¿Radical? Para nada y me voy a explicar.

Esta nueva ley nació como un planteamiento personal del ministro de justicia, Alberto Ruíz-Gallardón (ese moderado), para proteger a las mujeres de misteriosas fuerzas ocultas que les obligan a abortar. Sus palabras fueron exactamente “en muchas ocasiones se genera una violencia de género estructural contra la mujer por el mero hecho del embarazo”. No sé a qué “violencia de género estructural se refiere” pero se me ocurren algunos casos, como por ejemplo la que ejercen las empresas que despiden a las mujeres que piden (como así permite el derecho) reducción de jornada una vez han sido madres. O a lo mejor se refiere al escaso tiempo de baja por maternidad que obliga a separar a las madres de sus bebés todavía lactantes. O a las pocas ayudas para guarderías, comedores escolares, libros, etc que se “reparten” desde las administraciones. Pero me parece que se refiere a otras cosas, porque las mencionadas se resolverían tranquilamente cambiando las leyes que corresponden, sancionando a las empresas y protegiendo los derechos ya reconocidos.

Gallardón

Entonces, ¿a qué tipo de violencia se refiere? Yo no lo sé. Parece que el ministro es consciente de algún tipo de peligro que nosotras, pobres y estúpidas mujeres, no vemos y al que nos dirigimos directas. Por ello, él se ve con el deber y la autoridad moral de coartar nuestra capacidad de decisión, nuestra libertad para elegir qué es lo mejor para nosotras mismas. Lo hace por nuestro propio bien. Porque nosotras, a sus ojos, no tenemos la capacidad de ver qué es lo mejor, en lo que a nuestra vida se refiere.

Esta tutela por parte del gobierno me da mucho miedo, pero otro de los aspectos que me cabrea es el flaco favor que hace esta nueva ley a la vida que se supone que defiende. Al eliminar las malformaciones del feto como motivo para abortar, sin dejar de lado los riegos que en muchos casos supondría para la vida de la madre y del hijo, el señor ministro también se ve con el derecho de condenar, no sólo a una familia a llevar la pena de un hijo enfermo y dependiente sobre los hombros, sino también a ese hijo cuya existencia será sólo eso: respirar, comer, dormir… No se engañe, señor Gallardón, eso NO es vida. Eso es muerte en vida para unos padres que vivirán abnegados al cuidado de su hijo y para un hijo que jamás podrá realizarse como ser humano. Y no podrá, más allá de motivos médicos, porque su gobierno se ha pasado por el forro una ley que sí salva vidas: la Ley de Dependencia. No sólo obligará usted a una familia a vivir en un estado de sufrimiento límite, sino que también le retirará cualquier tipo de ayuda. Eso es de todo, menos la caridad cristiana de la que tanto presume.

Y no quería hablar de ello al principio, pero ahora me siento con la obligación de hacerlo. Yo creo en el alma. ¿Qué destino le queda a un alma atrapa en un cuerpo que nada puede hacer? ¿Por qué esa crueldad de dejarla encerrada en una existencia nula? ¿Y toda esa rabia y odio hacia una mujer que quiere abortar es cristiana? ¿De verdad os toca juzgar a vosotros?

Una vez hablando del tema con una persona católica me dijo la cosa más sensata y coherente con los Evangelios que he oído en mi vida: “Si una mujer quiere abortar, siento que mi obligación es mostrarle otras alternativas, ayudarle para que considere tener a ese hijo. Pero si realmente al final decide hacerlo, siento que mi obligación es estar a su lado y rezar con ella porque bastante sufrimiento le va a quedar el resto de su vida”. Nada de odio se deriva de estas palabras. Nada de superioridad. Sólo veo responsabilidad hacia lo que uno mismo cree. Con esto me gustaría hacer ver a todo el mundo que cuando una mujer se ve en la necesidad de abortar no lo hace aliviada, ni sonriendo, ni feliz. A saber por qué habrá tenido que tomar esa decisión, pero no tiene que ser algo fácil. Antes de quemar a nadie en la hoguera poneros en su piel. A lo mejor hasta aprendéis algo.

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