MUJER

La pequeña rubia

Hay vidas que, aunque siendo cortas, te hacen preguntarte qué es realmente vivir. Y la de Gerda Taro en una de ellas.

La pequeña rubia, como la llamaban cariñosamente Rafael Alberti y su mujer, es conocida sobre todo por haber sido la compañera de Robert Capa. Pero Gerda era mucho más. Es la típica chica de la que se enamora todo el mundo. Llena de vida, valiente y decidida. El mismo Alberti la describía de la siguiente forma: “el alborozo del peligro, la sonrisa de una juventud inmortal, dinámica, valiente, tal vez inconsciente, pero, en todo caso, decidida e irresistible”. Una descripción que, después de leer su biografía (Gerda Taro, la sombra de una fotógrafa, Fraçois Maspero), resume lo que fue el paso de la joven Gerda por el mundo: una existencia breve pero de lo más intensa.

Gera Taro

Gerda fotografiada por Robert Capa.

Nacida en el seno de una familia de judíos burgueses de origen polaco, sus fuertes convicciones políticas la llevaron a la cárcel por enfrentarse a las políticas que los nazis estaban implantando en Alemania. Su estancia en la cárcel define también su carácter combativo y rebelde. Reparte sus cigarrillos con sus compañeras y les enseña inglés y francés. Además inventó un alfabeto basado en un sistema de golpes para que las presas de celdas contiguas se comunicasen con facilidad.

Cuando sale de la cárcel, se muda a París atraída por el ambiente intelectual de la capital francesa. Después de varios trabajos como niñera y modelo, consigue empezar a trabajar como fotógrafa en varias agencias y en 1934 conoce a André Friedmann al que convierte en Robert Capa. La idea de inventar un personaje atractivo para las agencias se le ocurre a Gerda en un periodo de bastantes dificultades económicas. Por ello, mientras que fueron pareja, muchas de las fotos que hizo las firmó como Capa y parte de su trabajo ha quedado diluido dentro del trabajo de su compañero. Cuando se distanciaron, él se quedó con el nombre de Robert Capa.

Gerda y Capa

Gerda y Capa

En el 36 la pareja llega a España atraída por su trabajo como fotógrafos de guerra y sus ideales políticos. Aquí comienza una importante producción de instantáneas del bando republicano al que Gerda seguía de trinchera en trinchera. Imagino el impacto que debía causar una mujer así entre las tropas, que la admiraban por su coraje e incluso la reprendían para que no se expusiese tanto durante los enfrentamientos. Ella, por su parte, les echaba la bronca por retroceder. Fue la primera en fotografiar a los aviones alemanes bombardeando ciudades españolas y esperaba que sus fotos hiciesen cambiar la opinión del Comité de No Intervención.

Miliciana fotografiada por Gerda Taro.

Miliciana fotografiada por Gerda Taro.

Tenía pensado volver a París el 26 julio del 37, para reencontrarse con Capa que estaba preparando un viaje a China. El 25, convenció a un amigo para que la acompañara en una última incursión en Brunete. El general al mando del bando republicano les aconsejó que saliesen de la ciudad, ya que el ataque franquista era inminente. Gerda decidió quedarse, agazapada en una trinchera sin dejar de disparar fotos. En plena desbandada del bando republicano resultó gravemente herida en un accidente de tanque en plena huida. Llegó al hospital de El Goloso en Madrid, donde incluso con el vientre reventado no dejó de preguntar por sus cámaras y carretes. Nunca los encontraron. Gerda murió al día siguiente. Le faltaban unos días para cumplir 27 años.

Independiente, tanto en su vida como en el amor, femenina, comprometida, idealista (siempre creyó en la victoria de los republicanos), bella, joven… Lo que queda escrito en este post es un mínimo atisbo/resumen de lo que fue esta mujer de la que se puede aprender tanto y que, en cierto modo, tanta envidia me da. Sólo espero que halla despertado un poco de curiosidad para que busquéis, leáis todo lo que podáis sobre ella y descubráis a esta maravillosa persona.

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ACTUALIDAD, MUJER

¡Corre, que se te pasa el arroz!

Otra vez lo mismo. Y esta vez le toca a las británicas.

Hace unos días se puso en marcha una campaña para concienciar sobre los riesgos del embarazo tardío en Gran Bretaña y, en mi opinión, no se podía haber hecho de una forma más fea y dañina. Fea porque vean la foto:

Get Britain Fertile, Así te vas a ver cuando seas una vieja embarazada.

Get Britain Fertile, Así te vas a ver cuando seas una vieja embarazada.

Una señora muy mayor photoshopeada para que luzca un falso embarazo con el lema Get Britain Fertile. Jugar con ese temor a envejecer, implantado en el colectivo femenino por multitud de marcas de cosmética, me parece horrible. Y dañina porque volvemos al mismo argumento de siempre: corre, quédate embarazada ya que se te pasa el arroz. Un argumento paternalista que trata a las mujeres como si fuesen unas inconscientes que no saben nada sobre los riesgos de los embarazos tardíos. Y además de inconscientes son unas egoístas que retrasan la edad a la que deciden ser madres sin pensar que por su culpa el país envejece.

Sí, he dicho “por su culpa”. Las mujeres son las culpables. Para los señores que lanzan esta campaña nada tiene que ver la mala situación económica y los recortes sociales que se están viviendo en Gran Bretaña para que las mujeres decidan esperar para poder tener hijos. Todos sabemos que los factores socioeconómicos son realmente los causantes del aumento o descenso de la natalidad. Los mismo libros de historia nos lo enseñan con varios ejemplos válidos a lo largo de distintas décadas denominados babyboom. ¿Por qué ahora eso ya no se tiene en cuenta?

Pues porque es más fácil presionar y echarle la culpa a la de siempre.

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ACTUALIDAD, DERECHOS SOCIALES, MUJER

Por vuestro propio bien/ Muerte en vida

Estoy muy triste y enfadada estos días. Normalmente, gracias a esta crisis de mierda, tengo motivos “generales” para cabrearme todos los días. Pero últimamente hay algo dentro de la actividad política que me toca la fibra sensible y que incluso llega a asustarme. Me refiero a la reforma de la Ley del Aborto.

No quiero meterme en cuestiones como “aborto sí, aborto no”, aunque sea eso lo que plantea la nueva ley. Me preocupa algo que va más allá y que, de seguir así la cosa, podría extenderse a otros ámbitos. La tutela de las instituciones hacia las mujeres. ¿Radical? Para nada y me voy a explicar.

Esta nueva ley nació como un planteamiento personal del ministro de justicia, Alberto Ruíz-Gallardón (ese moderado), para proteger a las mujeres de misteriosas fuerzas ocultas que les obligan a abortar. Sus palabras fueron exactamente “en muchas ocasiones se genera una violencia de género estructural contra la mujer por el mero hecho del embarazo”. No sé a qué “violencia de género estructural se refiere” pero se me ocurren algunos casos, como por ejemplo la que ejercen las empresas que despiden a las mujeres que piden (como así permite el derecho) reducción de jornada una vez han sido madres. O a lo mejor se refiere al escaso tiempo de baja por maternidad que obliga a separar a las madres de sus bebés todavía lactantes. O a las pocas ayudas para guarderías, comedores escolares, libros, etc que se “reparten” desde las administraciones. Pero me parece que se refiere a otras cosas, porque las mencionadas se resolverían tranquilamente cambiando las leyes que corresponden, sancionando a las empresas y protegiendo los derechos ya reconocidos.

Gallardón

Entonces, ¿a qué tipo de violencia se refiere? Yo no lo sé. Parece que el ministro es consciente de algún tipo de peligro que nosotras, pobres y estúpidas mujeres, no vemos y al que nos dirigimos directas. Por ello, él se ve con el deber y la autoridad moral de coartar nuestra capacidad de decisión, nuestra libertad para elegir qué es lo mejor para nosotras mismas. Lo hace por nuestro propio bien. Porque nosotras, a sus ojos, no tenemos la capacidad de ver qué es lo mejor, en lo que a nuestra vida se refiere.

Esta tutela por parte del gobierno me da mucho miedo, pero otro de los aspectos que me cabrea es el flaco favor que hace esta nueva ley a la vida que se supone que defiende. Al eliminar las malformaciones del feto como motivo para abortar, sin dejar de lado los riegos que en muchos casos supondría para la vida de la madre y del hijo, el señor ministro también se ve con el derecho de condenar, no sólo a una familia a llevar la pena de un hijo enfermo y dependiente sobre los hombros, sino también a ese hijo cuya existencia será sólo eso: respirar, comer, dormir… No se engañe, señor Gallardón, eso NO es vida. Eso es muerte en vida para unos padres que vivirán abnegados al cuidado de su hijo y para un hijo que jamás podrá realizarse como ser humano. Y no podrá, más allá de motivos médicos, porque su gobierno se ha pasado por el forro una ley que sí salva vidas: la Ley de Dependencia. No sólo obligará usted a una familia a vivir en un estado de sufrimiento límite, sino que también le retirará cualquier tipo de ayuda. Eso es de todo, menos la caridad cristiana de la que tanto presume.

Y no quería hablar de ello al principio, pero ahora me siento con la obligación de hacerlo. Yo creo en el alma. ¿Qué destino le queda a un alma atrapa en un cuerpo que nada puede hacer? ¿Por qué esa crueldad de dejarla encerrada en una existencia nula? ¿Y toda esa rabia y odio hacia una mujer que quiere abortar es cristiana? ¿De verdad os toca juzgar a vosotros?

Una vez hablando del tema con una persona católica me dijo la cosa más sensata y coherente con los Evangelios que he oído en mi vida: “Si una mujer quiere abortar, siento que mi obligación es mostrarle otras alternativas, ayudarle para que considere tener a ese hijo. Pero si realmente al final decide hacerlo, siento que mi obligación es estar a su lado y rezar con ella porque bastante sufrimiento le va a quedar el resto de su vida”. Nada de odio se deriva de estas palabras. Nada de superioridad. Sólo veo responsabilidad hacia lo que uno mismo cree. Con esto me gustaría hacer ver a todo el mundo que cuando una mujer se ve en la necesidad de abortar no lo hace aliviada, ni sonriendo, ni feliz. A saber por qué habrá tenido que tomar esa decisión, pero no tiene que ser algo fácil. Antes de quemar a nadie en la hoguera poneros en su piel. A lo mejor hasta aprendéis algo.

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