ACTUALIDAD, DERECHOS SOCIALES, MUJER

El HORROR

Como siempre, las cosas más horribles las provoca el propio ser humano. Iba a escribir un texto más extenso sobre ésto pero es tan horrible que no me salen las palabras. Por favor, no leáis la noticia, sentidla. Aún así no sentiréis ni la mitad del miedo y el dolor que tuvo que sentir esta pobre niña. Y como ella, las que cada día se ven obligadas a vivir la misma situación. Esto sí que es terrorismo, contra las mujeres y las niñas del planeta entero. Ojalá algún día la comunidad internacional luche por su erradicación con las mismas ganas con las empieza otras guerras.

“Una niña yemení de 8 años muere en su noche de bodas por lesiones sexuales”.

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MUJER

Por qué NUNCA seré una mujer modelo

Con eso de “mujer modelo” me refiero al cómo se supone que una mujer debería ser en el imaginario colectivo de una sociedad. Por lo que veo, escucho, leo y siento cada día yo nunca lo seré por:

1. Tengo las tetas pequeñas, bastante pequeñas.

2. Peso 51 kilos y la tripa ligeramente abombada.

3. Mido 1,59 metros. Aunque me gusta decir que mido 1,60, la realidad es que no llego.

4. No me bronceo.

5. Tengo ojeras de esas moradas (desde que nací).

6. Mi culo ya no cabe en una 34.

7. Siguiendo con mi culo, tengo celulitis y mis muslos se tocan cuando junto las rodillas.

8. Tengo 28 años (según el director de una agencia de modelos con el que hablé, a partir de los 23 ya no estamos “frescas”).

9. ¿Habéis visto mi pelo?

10. Eructo bastante y me enorgullezco de ello.

11. Hago cosas asquerosas como cagar, hacer pis y tirarme pedos cuando mi cuerpo me pide hacerlo.

12. Me viene la regla una vez al mes y utilizo tampones y compresas.

13. Me gusta el sexo por el puro placer que genera practicarlo.

14. Es más, los pido y lo busco.

15. ¡Incluso me masturbo!

16. Amo las pelis de acción con muchas explosiones, muchos puñetazos y poco argumento.

17. Las ensaladas me dejan con hambre.

18. No sé dibujar, ni hacer fotos.

19. Tampoco sé tocar instrumentos.

20. Las manualidades se me dan muy mal.

21. Para compensar mis carencias creativas suelo escribir.

22. Me gusta beber cerveza y vino tinto.

23. Me gusta comer las cosas fritas, bien fritas.

24. No hago deporte. He empezado un par de veces pero nunca he llegado a ese momento de clímax en el que el deporte se convierte en una droga.

25. Hace ya unos 8 años que no fumo, pero a veces tengo ganas de volver a hacerlo.

26. No me da pena Jennifer Aniston, me cae mal y creo que Angelina mola mucho más.

27. No soy sexy. Lo he intentado, pero me da la risa.

28. También me da la risa cuando intento posar para una foto.

29. No tengo ropa de color nude en mi armario.

30. No soy capaz de llevar un vestido o unos pantalones blancos y que al final del día estén inmaculados.

31. No aguanto los tacones.

32. Tampoco me gusta mucho llevar bolso. Si las cosas me caben en los bolsillos mejor.

33. Duermo con bragas normales, de esas que tapan el culo y son de algodón.

34. No creo en el concepto de “superwoman” que se han inventado las revistas ni en su viabilidad.

Y otras tropocientasciencuentamil cosas que no voy a escribir porque esto se haría muy largo.

 

 

 

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MUJER

La pequeña rubia

Hay vidas que, aunque siendo cortas, te hacen preguntarte qué es realmente vivir. Y la de Gerda Taro en una de ellas.

La pequeña rubia, como la llamaban cariñosamente Rafael Alberti y su mujer, es conocida sobre todo por haber sido la compañera de Robert Capa. Pero Gerda era mucho más. Es la típica chica de la que se enamora todo el mundo. Llena de vida, valiente y decidida. El mismo Alberti la describía de la siguiente forma: “el alborozo del peligro, la sonrisa de una juventud inmortal, dinámica, valiente, tal vez inconsciente, pero, en todo caso, decidida e irresistible”. Una descripción que, después de leer su biografía (Gerda Taro, la sombra de una fotógrafa, Fraçois Maspero), resume lo que fue el paso de la joven Gerda por el mundo: una existencia breve pero de lo más intensa.

Gera Taro

Gerda fotografiada por Robert Capa.

Nacida en el seno de una familia de judíos burgueses de origen polaco, sus fuertes convicciones políticas la llevaron a la cárcel por enfrentarse a las políticas que los nazis estaban implantando en Alemania. Su estancia en la cárcel define también su carácter combativo y rebelde. Reparte sus cigarrillos con sus compañeras y les enseña inglés y francés. Además inventó un alfabeto basado en un sistema de golpes para que las presas de celdas contiguas se comunicasen con facilidad.

Cuando sale de la cárcel, se muda a París atraída por el ambiente intelectual de la capital francesa. Después de varios trabajos como niñera y modelo, consigue empezar a trabajar como fotógrafa en varias agencias y en 1934 conoce a André Friedmann al que convierte en Robert Capa. La idea de inventar un personaje atractivo para las agencias se le ocurre a Gerda en un periodo de bastantes dificultades económicas. Por ello, mientras que fueron pareja, muchas de las fotos que hizo las firmó como Capa y parte de su trabajo ha quedado diluido dentro del trabajo de su compañero. Cuando se distanciaron, él se quedó con el nombre de Robert Capa.

Gerda y Capa

Gerda y Capa

En el 36 la pareja llega a España atraída por su trabajo como fotógrafos de guerra y sus ideales políticos. Aquí comienza una importante producción de instantáneas del bando republicano al que Gerda seguía de trinchera en trinchera. Imagino el impacto que debía causar una mujer así entre las tropas, que la admiraban por su coraje e incluso la reprendían para que no se expusiese tanto durante los enfrentamientos. Ella, por su parte, les echaba la bronca por retroceder. Fue la primera en fotografiar a los aviones alemanes bombardeando ciudades españolas y esperaba que sus fotos hiciesen cambiar la opinión del Comité de No Intervención.

Miliciana fotografiada por Gerda Taro.

Miliciana fotografiada por Gerda Taro.

Tenía pensado volver a París el 26 julio del 37, para reencontrarse con Capa que estaba preparando un viaje a China. El 25, convenció a un amigo para que la acompañara en una última incursión en Brunete. El general al mando del bando republicano les aconsejó que saliesen de la ciudad, ya que el ataque franquista era inminente. Gerda decidió quedarse, agazapada en una trinchera sin dejar de disparar fotos. En plena desbandada del bando republicano resultó gravemente herida en un accidente de tanque en plena huida. Llegó al hospital de El Goloso en Madrid, donde incluso con el vientre reventado no dejó de preguntar por sus cámaras y carretes. Nunca los encontraron. Gerda murió al día siguiente. Le faltaban unos días para cumplir 27 años.

Independiente, tanto en su vida como en el amor, femenina, comprometida, idealista (siempre creyó en la victoria de los republicanos), bella, joven… Lo que queda escrito en este post es un mínimo atisbo/resumen de lo que fue esta mujer de la que se puede aprender tanto y que, en cierto modo, tanta envidia me da. Sólo espero que halla despertado un poco de curiosidad para que busquéis, leáis todo lo que podáis sobre ella y descubráis a esta maravillosa persona.

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ACTUALIDAD, MUJER

San Fermín: salvajadas por partida doble

Por partida doble sí, en las que los indefensos siempre son los que salen perdiendo. Por un lado, el maltrato y la tortura que sufren los toros, y por otro, los abusos sexuales que se vienen registrando contra mujeres.

tortura

Y no se trata ya del hecho (horrible) de siempre de culpar a la víctima, esta vez porque van borrachas. Se trata de la complicidad de los medios de comunicación que tratan estos delitos como algo normal, gracioso y festivo. Hemos visto en algunos medios (uno de ellos el diario Público que se las da de “progre”) fotografías en las que no sé cuántos hombres manosean a mujeres e incluso les arrancan la camiseta para meterles mano. “Es que están borrachas” dirán algunos. ¿Y? ¿Qué pasa? ¿Una mujer no puede emborracharse y esperar que no abusen de ella? ¿Es que los que abusan de ella no tienen culpa ninguna? ¿Estar borracha da carta blanca a los instintos de cualquier hijo de puta que se te cruce en el camino? No señores, así no son las cosas.

agresión

Los medios de comunicación, que forman a la opinión pública, presentan estas agresiones como algo gracioso y todo el mundo se queda tan contento. Y el colmo fue cuando una periodista de TVE 1, que estaba haciendo su trabajo (ésta no estaba borracha, a ver cómo lo justifican), es bañada en vino y un tío salido de la nada se lanza sobre ella y la morrea. Porque le da la gana. ¿Y qué dice su “compañero” de plató? “Maribel, no provoques a ese chico por favor”. Perdona capullo, ella no estaba provocando a nadie, estaba haciendo su trabajo y fue agredida. Y tuvo que sufrir a dos indeseables: al agresor y al compañero que le ríe la gracia. Y las chicas que se emborrachan no están provocando, están de fiesta y son agredidas. Y si no queréis que se hable de todos los hombres como agresores potenciales no pongáis excusas ni le echéis la culpa a ellas. La culpa SIEMPRE es del que agrede y de nadie más.

Eso sí, que a nadie se le ocurra sacar una ikurriña que nos enfadamos todos. Panda de hipócritas.

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MUJER, RELATO

WTF? Mi primera cana

Por Vicky Vera

Tengo unas raíces horribles. Cuando por todos los medios intentas ser pelirroja, pero naciste con una mata de pelo castaño oscuro, esto de la raíces son cosas que pasan y con las que aprendes a lidiar. Y te haces amiga del tinte. Me pongo los guantes de látex y preparo la mezcla: un tubo de 7.40 más un bote de agua oxígenada de 40 volúmenes. La chica de la tienda de artículos de peluquería sigue alucinando cuando le pido agua de 40 en vez de agua de 30, pero es mi pelo y si hay algo que odio es que el tinte quede oscuro.

Manos a la obra pues. Cojo el peine y empiezo a separar mi pelo en dos partes. Raya central bien marcada, como si me hubiesen pegado un hachazo en la cabeza. “Vaya raíces que tengo”, pienso; “esta vez me he pasado un poco…” Y de pronto, cuando me giro para empapar la brocha en el tinte, veo un destello. Freno en seco. No puede ser. Me giro, esta vez más despacio, sin perder de vista el espejo… y ahí está otra vez. Que no puede ser. Me acerco al espejo, busco la fuente del destello y la veo. Abro más los ojos. No puede ser. No me lo creo, pero ahí está brillando entre mis raíces oscuras: una CANA.

MI PRIMERA CANA.

MIERDA.

De repente, ya no me tiño el pelo por diversión, lo hago por necesidad. Mierda. Y la voz de mi madre vuelve a mi cabeza: “si es que ya no tienes 18 años…”. Tiene razón, acabo de cumplir 28 pero, ¿canas ya?

Y yo que pensaba que había tenido suficiente el otro día, cuando me dijo esas mismas palabras por primera vez. Estábamos en Zara, buscando mi regalo de cumpleaños. Me probé unos pantalones y, de pronto, mi talla de toda la vida no me pasaba por encima de las caderas. “No puede ser”, pensé también. Pero así era y le pedí a mi madre una talla más. “Si es que ya no tienes 18 años…” Y bajo los alógenos del probador (maldita sea la iluminación cenital) vi como en mi culo y mis muslos aparecía unas pequeñas sombras. Unas sombras que desvelaban unos hoyitos en mi piel. “¿Celulitis? No jodas…” Y empecé a fantasear con la idea de salir a correr todos los días, beber nosécuántos litros de agua al día, comer ensaladas con aliño light y desterrar de por vida la fritanga de mi dieta.

Vuelvo a la cana. Y de pronto todas las chicas con las que me cruzo son más jóvenes y están más delgadas que yo, y todos esos anuncios (los de los bífidus, los de las pérdidas de orina, los de las fajas reductoras, los de laxantes, los de baba de caracol…) ya no me parecen tan absurdos. Algunos empiezan a tener sentido… “¿Qué me está pasando? ¿Esto es tener 28 años? ¿Ya no hay vuelta atrás?”

Voy hacia el salón, donde mi novio ve la tele. “Tengo 28 años y tengo una cana”, le digo. “Tranquila, yo tengo 30 años. Imagina”. Y así nos quedamos, viendo la tele.

 

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ACTUALIDAD, DERECHOS SOCIALES, MUJER

Tened cuidado para que no os violen

Unas medias peludas para no resultar atractiva y evitar que un violador se fije en ti. Un sujetador que produce descargas de hasta 3800 kilovoltios y envía un sms a la policía y familiares de la víctima con su localización. Gobiernos (como el chino) haciendo recomendaciones como no llevar minifalda en el transporte público. Vagones de tren exclusivos para mujeres en Japón. El condón antiviolación en Sudáfrica

medias peludas

Medias peludas para espantar a los violadores.

Da igual en que país del mundo vivas. Si eres mujer y te violan lo más seguro es que sea por tu culpa, porque no has tomado las medidas necesarias para que no te violen, o por el contrario vas provocando. Y perdonadme pero no exagero.

Vivimos en un mundo (sí, por desgracia esto es una epidemia global) en la que se enseña a las mujeres a protegerse de los violadores en vez de educar a los hombres en el respeto para que no violen. Los mensajes institucionales no dicen “oye pervertido no le metas mano a una tía con minifalda”. Por el contrario el mensaje es “tía no te pongas minifalda si no quieres que te violen”. Es culpa de la víctima por provocar. Es sencillo, directo y repugnante.

not asking for it

“No estoy pidiéndolo” La violación nunca es culpa de la víctima.

Y si nos resulta repulsivo cuando las autoridades de determinados países no hacen nada para proteger de estos ataques a sus mujeres (se me revuelve el estómago al pensar en la oleada reciente de violaciones en la India o en aquellos países donde encima lapidan a la víctima por ser impura o la obligan a casarse con su agresor), más repugnante es, cuando en países supuestamente democráticos, se leen sentencias de jueces que afirman que si llevas vaqueros no es violación porque te los tienes que quitar tú.

Cualquier mujer en cualquier parte del mundo debería tener el derecho a vestir como le de la gana sin miedo al qué dirán ni al quién me violará. Porque el que yo vaya con escote no te está diciendo que puedes meterme mano. Porque si lo haces la culpa es tuya por ser un cerdo. Porque si me violas porque mi ropa te provoca, yo te parto la cabeza porque tu estupidez me provoca.

Así de claro

Así de claro.

Y basta ya de excusas y tonterías.

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ACTUALIDAD, MUJER

¡Corre, que se te pasa el arroz!

Otra vez lo mismo. Y esta vez le toca a las británicas.

Hace unos días se puso en marcha una campaña para concienciar sobre los riesgos del embarazo tardío en Gran Bretaña y, en mi opinión, no se podía haber hecho de una forma más fea y dañina. Fea porque vean la foto:

Get Britain Fertile, Así te vas a ver cuando seas una vieja embarazada.

Get Britain Fertile, Así te vas a ver cuando seas una vieja embarazada.

Una señora muy mayor photoshopeada para que luzca un falso embarazo con el lema Get Britain Fertile. Jugar con ese temor a envejecer, implantado en el colectivo femenino por multitud de marcas de cosmética, me parece horrible. Y dañina porque volvemos al mismo argumento de siempre: corre, quédate embarazada ya que se te pasa el arroz. Un argumento paternalista que trata a las mujeres como si fuesen unas inconscientes que no saben nada sobre los riesgos de los embarazos tardíos. Y además de inconscientes son unas egoístas que retrasan la edad a la que deciden ser madres sin pensar que por su culpa el país envejece.

Sí, he dicho “por su culpa”. Las mujeres son las culpables. Para los señores que lanzan esta campaña nada tiene que ver la mala situación económica y los recortes sociales que se están viviendo en Gran Bretaña para que las mujeres decidan esperar para poder tener hijos. Todos sabemos que los factores socioeconómicos son realmente los causantes del aumento o descenso de la natalidad. Los mismo libros de historia nos lo enseñan con varios ejemplos válidos a lo largo de distintas décadas denominados babyboom. ¿Por qué ahora eso ya no se tiene en cuenta?

Pues porque es más fácil presionar y echarle la culpa a la de siempre.

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